La Seguridad Vial: un tema prioritario en la agenda.

La educación vial es fundamental a la hora de apostar a un cambio positivo en la conducta de aquellos que transitan las rutas y calles. Es necesario pensar en formar conductores y no “manejantes” esquivos a las reglamentaciones del tránsito. En este rol las escuelas de conductores habilitadas cumplen una importante función.

Con respecto a este tema, en esta ocasión quiero compartir con los lectores una interesante nota que fuera publicada en el matutino “La Nación”:

Por qué no aprendemos. 

Cuando preguntamos cómo manejamos los argentinos, el 87 por ciento no duda en decir mal. En cambio, cuando se le pregunta a cada uno cómo maneja, el 90 por ciento dice bien. Este es un ejemplo de cómo siempre proyectamos el problema en el otro y nunca lo asumimos como propio -analiza Felipe Rodríguez Laguens, director ejecutivo de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, que depende del Ministerio del Interior-. Lamentablemente, aún tenemos anestesiada la percepción del riesgo en materia de seguridad vial. Por eso es tan importante la toma de conciencia individual, porque la seguridad en la calle depende de las actitudes de cada uno.”

Pandemia, así denominó la Organización Mundial de la Salud (OMS) a los siniestros viales que en el mundo se cobran 1,2 millones de personas por año. En la Argentina son la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 24 años, y en 2010 provocaron la muerte de 5094 víctimas.

A partir de la sanción de la ley Nº 26.363 con la que se crea en 2008 la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), el Estado dio una clara respuesta al problema. De esta manera comienzan a implementarse en el país un conjunto de acciones que apuntan a la coordinación de seguridad en todas las jurisdicciones (es la primera vez que se tiene una autoridad única en el nivel nacional), con el objeto de reducir la tasa de siniestralidad. “Los controles, por más masivos que sean, siempre son insuficientes si no están acompañados por un cambio cultural -asegura Pablo Martínez Carignano, director de Seguridad Vial del gobierno porteño-. Se trata de un trabajo a largo plazo, pero es la única manera. Obviamente, los números van a bajar con los controles y está bien que así sea, pero otra manera de apoyar este descenso está directamente relacionada con la respuesta judicial.”

Marcado por una tragedia personal, Gregorio Dalbón, abogado experto en siniestros viales, destaca lo importante de hacer un llamado de atención a la conciencia judicial. “Las leyes deben aplicarse con responsabilidad -comenta con cierta indignación-. Hay que marcar una diferencia entre un accidente y un homicidio. Sólo el 3 por ciento de las causas que llegan a juicio oral consiguen una condena.”

Los especialistas hablan de un sistema de impunidad que alimenta un círculo vicioso. “Hoy, si querés matar a alguien, agarrá el auto y atropellalo -ejemplifica Carignano-. Total, de manera automática quedás libre. Es duro, muy duro lo que estoy diciendo, pero es real.”

En el Parlamento se elevaron dos proyectos que buscan hacer frente a este problema: el de los diputados Ernesto Martínez (Frente Cívico de Córdoba) y Gabriela Michetti (Pro) con el apoyo de Madres del Dolor, y el de la senadora nacional del Frente para la Victoria, Nanci Parrilli.

“Proponemos la creación de dos nuevos institutos en el derecho penal: los llamados delitos contra la seguridad vial y la pena de prestación de servicios comunitarios -explica la senadora neuquina-. Dentro de los delitos contra la seguridad vial, el proyecto aumenta las penas para los casos de homicidio y lesiones culposas generadas por el uso de automotores. Lo que buscamos es aumentar estas penas de 3 a 8 años de prisión de cumplimiento efectivo, evitando así cualquier grado de impunidad. Para el caso de las lesiones culposas, actualmente el Código prevé penas de 6 meses a 3 años de prisión o multas de $ 3000; lo que intentamos es aumentarlas de 1 a 4 años de prisión o multas de $ 10.000 a $ 150.000.” El proyecto de ley busca ir más allá e incluye las figuras agravadas en los casos en los que el homicidio o las lesiones culposas se hubieran generado por conducir a velocidades superiores a las reglamentarias, con más de 2 gramos de alcohol en sangre, estando inhabilitado el conductor o el vehículo, violando las señales de tránsito, y cuando se cruce los pasos a nivel con las barreras bajas o estando activadas las señales. “En estas circunstancias -apunta Parrilli-, la pena de prisión iría de 4 a 12 años y se le aplicaría la inhabilitación especial por el doble del tiempo de la condena. A su vez, la pena de prestación de servicios comunitarios se agregaría a las cuatro ya existentes: consiste en la realización, por quien fue encontrado responsable, de tareas no remuneradas a favor del Estado o de instituciones de bien público.” Para la senadora, todas estas disposiciones tendrían la finalidad de disuadir del uso irresponsable de automotores y crear conciencia sobre las consecuencias trágicas que esta situación puede generar. “Queremos vivir en una sociedad donde los familiares de las víctimas de hechos de tránsito no tengan que padecer que el autor del delito camine por la calle investido de una profunda impunidad”, concluye.

Pérdidas millonarias

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) destaca la seguridad vial como un tema prioritario en la agenda, por tratarse de una de las primeras causas de mortalidad en la región, principalmente en el grupo poblacional que va de 5 a 44 años. La OMS, por su parte, destaca la muerte de 400 mil menores de 25 años, aproximadamente 1000 jóvenes por día en el mundo. En la Argentina, la cifra llegó a los 1090 en 2010 (un 21,4% sobre el total de muertes).

Más allá de las escalofriantes cifras, la OPS destaca la importante demanda que se requiere en la atención prehospitalaria y de trauma, además de tratarse de una sobrecarga para los servicios de salud y un alto costo para toda la sociedad. Una de cuatro llamadas que ingresan al SAME (Sistema de Atención Médica de Emergencia) está destinada exclusivamente a este tipo de siniestro.

En la ciudad de Buenos Aires, los 33 centros de salud están preparados para atender a estos potenciales pacientes. Se calcula que los heridos en la Argentina ocupan el 20 por ciento de las camas disponibles en hospitales.

“Es preocupante ver cómo los recursos de salud se destinan a lesiones que pueden ser evitadas -apunta Alberto Silveira, presidente de la organización Luchemos por la Vida-. Por año se destinan más de 5000 millones de dólares a operaciones, prótesis, procesos de rehabilitación, jubilaciones por invalidez, seguros y demandas judiciales.” Felipe Rodríguez Laguens prefiere no abordar esta problemática desde una cuestión de costos. “Tenemos que hablar de un cambio cultural. El primer paso ya lo dimos -reflexiona-. Hoy, la seguridad vial está instaurada como una política de Estado.”

Cada vez más autos

El crecimiento del parque automotor es un desafío en lo que a la organización vial se refiere. Sólo basta pensar que el número de vehículos patentados en agosto de este año fue de 79.826 unidades, según informó la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara), lo que representa un incremento de un 39 por ciento comparado con el mismo período del año anterior. De 1990 a esta parte, según un estudio de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), el parque automotor nacional creció un 327%, por lo que se ha modificado por completo el mapa vial. “Un mapa en el que hay que destacar la activa participación de motos y bicicletas que crecieron como una alternativa al transporte -destaca Fabián Pons, director regional de Cesvi para América-. Mayoritariamente, en el conurbano las motos y bicicletas se convierten en un medio familiar. Se necesitan políticas para integrarlas.”

La forma en que nos conducimos por el espacio público es una construcción cultural. “Pautas sociales que se trasmiten de generación en generación -destaca María Corina Puppo, directora nacional del Observatorio Vial de la ANSV- y que es posible modificar por medio de la educación.”

Los ejemplos sobran y Pablo Rojas, responsable de la Dirección de Estadística Vial de la ANSV, no escatima en citarlos para reafirmar que no sólo se trata de un problema de infraestructura. “No desmerezco la necesidad de mejorar ese terreno pero no puede ser un pretexto -analiza Rojas-. Cuando uno ve las estadísticas encuentra que la mayoría de los siniestros ocurren durante el día, con buen tiempo y en buenos caminos. Acá el problema es otro. Cuando uno pasa un semáforo en rojo sabe perfectamente que está mal; lo mismo cuando uno cruza por la mitad de la avenida o avanza con la barrera baja. Las personas que suben a un avión se ponen el cinturón, ¿por qué no lo hacemos en el auto o no nos colocamos el casco al subir a la moto?” Durante un pestañeo de un segundo, si uno conduce a 90 km por hora, se puede avanzar 25 metros. “Una simple distracción puede cambiarnos la vida – arremete Rodríguez Laguens-. El consumo de alcohol baja nuestro nivel de atención, al igual que hablar por celular y manejar. Son pautas culturales, de educación, que sólo será posible cambiar con un intenso trabajo de base.”

Fuente: Diario La Nación

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s